Picture of Luis Dall' Aglio

Luis Dall´Aglio | Director

Las opiniones sobre el gobierno nacional al cierre de este 2025 muestran que, más allá del resultado electoral de octubre y el clima político nacional, la realidad cotidiana de los argentinos no cambio en todo el año. Mayoritariamente, el año comenzó con un mejor balance en términos de opinión que como termina en este diciembre.

No obstante, el presidente Javier Milei logra consolidar un apoyo en torno a los 40 puntos, en sintonía con su resultado electoral, pero no logra cambiar el malestar sobre su gobierno.

En este sentido, el dato clave es que el sostén del gobierno hoy es más simbólico que material. Mientras la narrativa de coherencia y cumplimiento se mantenga creíble, el apoyo resiste recostado en una primera minoría de argentinos. Cuando la realidad económica empiece a pesar más que los logros, el consenso puede entrar en zona de riesgo.

Así, el conjunto de respuestas abiertas muestra tres “Argentinas” políticas coexistiendo:

  1. La Argentina del mandato de ruptura con “la Casta”:
    Valida el ajuste, el conflicto y la dureza si hay coherencia y promesas cumplidas.
  2. La Argentina expectante y condicionada
    Acompaña con dudas; pide resultados sociales y económicos.
  3. La Argentina del rechazo estructural
    Ve en el gobierno una crisis ética, social e institucional.

En el primer caso, se expresa un mandato de ruptura: la sociedad valida el shock, el ajuste y la confrontación en tanto se los perciba auténticos y no hipócritas. El liderazgo de Javier Milei se sostiene más en la consistencia ideológica que en resultados distributivos inmediatos.

En este caso, las valoraciones positivas están fuertemente concentradas y muestran un eje ordenador muy claro: credibilidad y cumplimiento.

  • “Cumple lo que dice” (39,6%) es el corazón del apoyo. No remite tanto a resultados materiales plenos, sino a una coherencia entre discurso, promesas y acción. En términos políticos, esto recompone una expectativa rota por años: la idea de que el poder “no miente”.
  • La evaluación positiva general (17,8%) es mayormente vaga, lo que indica un apoyo por rumbo, no por un eje o motivo concreto.
  • La estabilización económica (10,2%) aparece como logro político antes que vivencial. Se reconoce el control de variables macro (inflación, dólar), aun cuando no siempre se traduzca en mejora cotidiana.
  • Valores como honestidad, integridad, lucha contra la corrupción y anticasta configuran un reconocimiento moral: el gobierno es valorado menos por “qué da” y más por “qué no hace” (no robar, no transar, no pactar).

En el caso de la Argentina expectante, caracterizada principalmente por las opiniones “regulares”, no son neutras, sino que son apoyos en revisión. En el discurso de los argentinos que se sitúan en este punto del diagnóstico predomina la idea de ineptitud, improvisación o mal manejo económico, pero aún en tono dubitativo.

Aparece con fuerza la crítica al estilo personal: agresividad, crueldad, falta de empatía y se introduce una preocupación incipiente por los costos sociales del ajuste, especialmente sobre jubilados y sectores vulnerables.

Aquí se marca el límite blando del consenso: no cuestiona aún el rumbo general, pero sí el modo, el ritmo y el impacto humano. Es un electorado que todavía concede tiempo, pero empieza a pedir moderación y explicaciones.

Finalmente, en el caso de la Argentina del rechazo estructural, las opiniones negativas son sólidas y reiterativas, lo que indica una oposición consolidada, al menos desde el relato y el diagnóstico político. Los ejes centrales hacen eje en:

  • Incapacidad de gestión y mal manejo económico: se cuestiona la sustentabilidad del modelo.
  • Falta de empatía y violencia discursiva: el liderazgo es leído como deshumanizante.
  • Corrupción, nepotismo y “casta propia”: el relato anticasta se vuelve contra el propio gobierno.
  • Entrega de soberanía, autoritarismo y destrucción del Estado: crítica ideológica profunda, asociada a valores nacionales y democráticos.
  • Incluso aparece la descalificación personal (salud mental), signo de una ruptura simbólica total.

En este caso no se discute políticas puntuales, sino que rechaza el proyecto, el liderazgo y la identidad política del gobierno. Es un perfil duro, difícil de revertir, que interpreta el experimento libertario como peligroso, elitista y antinacional.

Desde una lectura cualitativa, el diagnóstico de cierre de año revela:

  • Un malestar moral y político profundo, más que puramente económico.
  • Una economía vivida como experiencia cotidiana de precariedad.
  • Un liderazgo presidencial evaluado ahora por capacidad real de gobierno, no por discurso.
  • Una sociedad cansada, desconfiada, con baja expectativa y alta demanda de orden, honestidad y previsibilidad.

Seguinos en nuestras redes


Facebook-f


Twitter


Linkedin