
En el escenario internacional los conflictos no se explican solo por tanques, misiles o movimientos de tropas. Se libran, sobre todo, en el terreno del relato. Cada potencia actúa según sus intereses, pero se presenta ante la opinión pública global bajo una identidad cuidadosamente construida. Nadie se reconoce como agresor, dominador o expansionista. Todos se disfrazan.
Desde la Consultora Delfos efectuamos un ejercicio de análisis de eventos y discursos, a los efectos de caracterizar el posicionamiento político de los principales actores globales a los fines de tener un acercamiento a esta disputa disfrazada -en muchos casos- de “diplomática”.
En ese sentido, efectuamos un repaso por los principales hitos en la esfera internacional en los que se involucraron y las narrativas con las que definen sus posicionamientos frente a aquellos Rusia, Estados Unidos, China y Europa, con el objetivo de comprender no solo qué lugar ocupa cada uno en el tablero mundial, sino cómo intenta legitimar ese lugar ante sus sociedades y el mundo.
Entre las principales conclusiones, se observa que en el escenario internacional actual nadie se presenta como lo que es, sino como lo que tratan de parecer:
- El que avanza dice defenderse (Rusia)
- El que manda dice cuidar (EE.UU.)
- El que crece dice mediar (China)
- El que acompaña dice moralizar (Europa)
Como se dijo, la disputa no es solo militar o geopolítica: es una guerra de relatos, donde cada actor se disfraza para hacer aceptable el ejercicio del poder ante su propia sociedad y ante el mundo.
Rusia: el revisionista que se presenta como víctima
Del análisis de sus posiciones públicas surge que Rusia es hoy una suerte de potencia revisionista: considera que el orden internacional surgido tras la caída de la Unión Soviética es injusto, desequilibrado y funcional a los intereses de Occidente. Su objetivo estratégico es modificar ese orden, recuperar zonas de influencia y volver a ocupar un rol central en la política global.
Para lograr ese objetivo enarbola un relato que no se formula en términos de ambición, sino de defensa. El discurso oficial insiste en el cerco de la OTAN, en la amenaza externa permanente y en la idea de que Rusia fue empujada a actuar. La guerra se redefine como “operación especial” y la invasión como respuesta obligada.
Pero como se plantea en este informe, la idea es contrastar esa posición con su discurso. Así, Rusia se disfraza de Estado asediado. En lugar de mostrarse como potencia ofensiva, adopta la identidad del país humillado que solo busca sobrevivir. El revisionismo no se confiesa: se encubre bajo la retórica de la autodefensa.
Motivos declarados
Así, los motivos declarados para sostener su posición pública transitan los siguientes ejes:
- Defensa frente a amenazas percibidas de la OTAN
- El Kremlin sostiene que la expansión de la OTAN hacia el Este, con la posible adhesión de Ucrania, constituye una amenaza directa a la seguridad rusa, utilizada como justificación para su guerra en Ucrania.
- Protección de poblaciones rusoparlantes
- La narrativa recurrente es que Rusia entra para “proteger” personas de habla rusa o combatir supuestos grupos extremistas en territorios como Donbás.
- “Operación militar especial” vs. invasión
- Moscú evita calificar sus acciones como invasión, y las presenta como operaciones defensivas o correctivas.
- Contra lo que llama amenazas híbridas
- Moscú acusa a Occidente de guerra económica, sanciones y desestabilización, justificando sus medidas militares o agresivas como respuesta a esa “hostilidad”.
Estados Unidos: El disfraz del sheriff global responsable
Estados Unidos, por su parte, sigue siendo la potencia hegemónica del sistema internacional que juega con armas militares y comerciales. No busca cambiar el orden global: lo creó, lo administra y lo defiende, aun cuando ese rol se vea tensionado por nuevos competidores y por el desgaste interno.
Washington evita hablar de intereses propios y prefiere el lenguaje de la seguridad global. Sus acciones militares o comerciales se justifican como respuestas técnicas, limitadas y necesarias frente a amenazas concretas que buscan –en muchos casos- aleccionar: terrorismo, narcotráfico, ataques a rutas comerciales o agresiones a aliados.
Para ello, Estados Unidos se disfraza de sheriff responsable. No actúa por persiguiendo sus intereses nacionales —dice— sino para evitar un mal mayor. La hegemonía se presenta como servicio, y la intervención como obligación moral derivada del liderazgo.
A esos efectos, los motivos declarados para justificar sus intervenciones tienen que ver con:
- Lucha contra el narcotráfico y “narcoterrorismo”
- Estados Unidos ha justificado ataques a embarcaciones (narcolanchas o barcos vinculados a cárteles, incluso venezolanos) como parte de su estrategia contra el narcotráfico y como amenaza a su seguridad.
- Protección de rutas marítimas e intereses comerciales
- En Yemen, EE.UU. lanzó una campaña de ataques contra los hutíes tras ataques a barcos mercantes, argumentando defensa de la libertad de navegación y seguridad marítima en el Mar Rojo.
- Respuesta a ataques contra sus fuerzas
- La muerte de tropas estadounidenses en ataques (por ejemplo en Jordania) fue utilizada para justificar represalias contra milicias pro iraníes en Irak y Siria.
- Designación de organizaciones como terroristas
- Washington ha etiquetado grupos como el “Cártel de los Soles” como organización terrorista extranjera para legitimar acciones más contundentes.
China: la potencia ascendente que habla en voz baja
En lo que respecta a su posición política, China es la potencia ascendente del siglo XXI, bajo un manto ideológico, pero con una acción muy pragmática. Su objetivo estratégico –se puede suponer- es desplazar gradualmente a Estados Unidos como centro del sistema internacional, pero sin provocar una ruptura abrupta que ponga en riesgo su crecimiento y estabilidad.
Pekín se apoya en una narrativa de prudencia, paz y no injerencia. Habla de respeto a la soberanía, solución negociada de los conflictos y rechazo a las sanciones unilaterales. Evita condenas explícitas y privilegia la ambigüedad calculada.
China se disfraza de actor racional y civilizado. Mientras expande su influencia económica, tecnológica y militar, se presenta como el adulto responsable de la sala, el que no grita, no amenaza y no interviene… al menos de forma visible (Excepto en su zona de influencia más cercana –Taiwan o el mar de china- donde muestra su cara más agresiva).
Sus argumentos centrales para este discurso son:
- No injerencia y respeto a la soberanía (oficial)
- Pekín proclama que su política exterior defiende la “no injerencia en asuntos internos” y el respeto a la soberanía, usado para criticar sanciones o intervenciones occidentales.
- Plan de paz en el conflicto de Ucrania
- China presentó un “plan de paz” para Ucrania que enfatiza el derecho internacional y una solución negociada, sin condenar explícitamente la invasión rusa y con ambigüedad sobre la retirada de fuerzas rusas.
- Prioridad de integridad territorial propia
- Aunque China no atacó formalmente Taiwán, sí incrementó su presión militar y maneja la narrativa de “reunificación” como defensa de su integridad territorial, considerando cualquier apoyo externo a Taiwán como provocación.
Unión Europea: la conciencia moral sin poder propio
Europa ocupa el lugar de potencia normativa. Tiene peso económico y simbólico, pero carece de autonomía militar plena y depende en gran medida del paraguas estratégico de Estados Unidos y la OTAN.
El discurso europeo se apoya en la defensa del derecho internacional, los valores democráticos y los derechos humanos. Sus decisiones se presentan como imperativos éticos más que como movimientos geopolíticos.
La Unión Europea se disfraza de conciencia moral del sistema internacional. Habla en nombre de principios universales, incluso cuando sus acciones están alineadas con intereses estratégicos que no siempre controla.
En su posición, entre equilibrios internos y geopolíticos mundiales, Europa se encuentra en su discurso:
- Defensa de la legalidad internacional y derechos humanos
- La UE y muchos estados europeos caracterizan la invasión rusa de Ucrania como “violación del derecho internacional” y justificación para sanciones, apoyo militar y medidas defensivas para Ucrania.
- Protección de la seguridad regional
- Países europeos, particularmente miembros de la OTAN, justifican acciones defensivas (como refuerzos militares en fronteras del Este) por la necesidad de proteger a sus ciudadanos y la estabilidad europea ante las amenazas rusas.
- Mantenimiento de la paz y apoyo a aliados
- Las intervenciones de la UE suelen presentarse como fuerzas de mantenimiento de la paz, apoyo a Estados frágiles o estabilización.
Una guerra de relatos
En la política internacional el poder siempre necesitó un relato, el cual, para ser eficaz, necesita un disfraz. La disputa ya no es solo por territorios o recursos, sino por qué historia se logra imponer en la creencia de la opinión pública global.
Porque, al final, tanto en las relaciones internacionales como en la política doméstica, no siempre gana el que tiene más fuerza, sino el que mejor logra explicar —o disimular— para qué la usa.
Fuentes
Este informe se elaboró a partir del análisis de coberturas y reportes de agencias internacionales como Reuters, Associated Press y Agence France-Presse, junto con documentos y comunicados oficiales de la OTAN, la Unión Europea, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China y la Presidencia de Rusia. El enfoque interpretativo se apoyó además en estudios y análisis de centros internacionales especializados en política y seguridad global, como el Council on Foreign Relations, Brookings Institution, Carnegie Endowment for International Peace, European Council on Foreign Relations y RAND Corporation.