José Gangi | Comunicación

 

A comienzos de febrero se conoció la noticia sobre la renuncia del entonces presidente del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), Marco Lavagna. Según trascendió, la decisión estuvo motivada por el aplazamiento impulsado por el Gobierno nacional de la entrada en vigor de la nueva canasta para medir la inflación.

La salida de Lavagna, junto a las declaraciones brindadas por el ministro de economía Luis Caputto, terminaron por confirmar versiones que circulaban en ámbitos técnicos y políticos: el Ejecutivo no estaría dispuesto a aplicar la nueva metodología debido a que podría reflejar un ritmo de inflación más elevado, en particular en los próximos meses, cuando se prevén nuevos aumentos en tarifas de servicios públicos.

En ese marco, se reactivaron las dudas en torno a la credibilidad de las estadísticas oficiales.

Frente a este escenario, la consultora Delfos relevó 1.840 casos a nivel nacional y consultó sobre dos ejes: la confianza en el índice de inflación que publica mensualmente el Indec y la percepción sobre la capacidad del Gobierno encabezado por Javier Milei para seguir reduciendo la suba de precios.

Desconfianza en el índice

Ante la pregunta sobre el nivel de confianza en el indicador de inflación, el 52% de los encuestados afirmó no creer en los datos difundidos por el organismo. Es decir, más de la mitad de la muestra expresó desconfianza hacia la cifra oficial.

Al segmentar por voto en las elecciones generales de 2023, el descrédito se concentra con mayor intensidad entre quienes optaron por candidatos opositores. En contraste, entre los votantes del oficialismo predomina una mayor confianza en el índice, aunque sin revertir la tendencia general.

Expectativas sobre las capacidades de la gestión

En cuanto a las capacidades del Gobierno para reducir aún más la inflación, las posiciones aparecen más definidas. Una mayoría superior a 55% no cree que el presidente vaya a lograrlo, mientras que el 36,8% mantiene expectativas positivas respecto de la gestión económica.

Al igual que en el caso anterior, la variable electoral resulta determinante: los votantes de las fuerzas que integran la actual gestión muestran niveles de confianza significativamente más altos que el resto. No obstante, incluso entre ellos, la credibilidad del Indec es más frágil que la evaluación sobre la capacidad política del Ejecutivo.

En síntesis

Lo que hasta hace pocas semanas circulaba en comentarios informales terminó por consolidarse como dato: la desconfianza en el principal indicador del Indec vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública.

Si a ello se suma un escepticismo mayoritario respecto de la posibilidad de nuevos avances en materia inflacionaria, el escenario plantea un desafío político relevante. La inflación fue uno de los ejes donde el Gobierno obtuvo sus principales respaldos en términos de opinión pública. El deterioro en la credibilidad estadística y en las expectativas económicas podría erosionar, de manera progresiva, la potencia de posibles aciertos en la materia.

 

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