NOTA DE OPINIÓN
Daniel Petoletti
Coordinador General
La grieta, la polarización, los desencuentros, los sentimientos encontrados… son todas emociones que nos caracterizan a los argentinos desde el comienzo de la historia.
Estas posturas enfrentadas se siguen reflejando y profundizando en estos días y así lo demuestran los comentarios vertidos por los más de 2.600 encuestados en el último relevamiento realizado por la consultora Delfos entre el 15 y el 19 de mayo, donde las afirmaciones no solo muestran una opinión política, sino un estado emocional colectivo.
Como una línea discursiva constante, se advierte la sensación permanente de estar viviendo un momento decisivo, terminal, como si el país estuviera siempre al borde de salvarse o destruirse. No hay grises.
Los comentarios están atravesados por esa lógica dramática. No hablan de administración, hablan de destino. Para unos, el presidente Milei representa la última oportunidad antes del colapso definitivo del sistema político tradicional. Para otros, representa directamente el colapso mismo. Pero casi nadie habla desde la normalidad.
“Milei es la última oportunidad de dejar atrás al kirchnerismo”
“Estamos viviendo los días más oscuros de nuestro país”
Hoy la sociedad se muestra muy cansada emocionalmente. Se nota en cómo se expresan. Incluso cuando aparecen insultos o posiciones muy fanáticas, en el fondo lo que se expresa es agotamiento. Muchas personas escriben desde la bronca acumulada y usan estos espacios para descargar frustraciones que acumulan hace años.
Ya no se discute solamente política o ideas: se habla desde el enojo, la angustia y el hartazgo. Hecho que transforma fundamentalmente la manera en que hoy se vive y se interpreta la política.
“Estoy cansada de endeudarme para poder vivir. Estoy harta del maltrato institucional…”
“Agradezco la oportunidad de poder manifestar mi descontento con la situación que atraviesa el país… por lo menos realice mi descargo.”
Siempre la esperanza
De acuerdo a lo expresado por los encuestados, tampoco se vislumbra una expectativa concreta de mejora en el corto plazo, ni siquiera entre quienes apoyan al gobierno.
En muchos casos el apoyo se sostiene desde una idea de sacrificio: “hay que aguantar”, “es un proceso necesario”, “venimos de muchos años malos”. Es decir, el respaldo no surge tanto porque la gente perciba algún tipo de mejora real en su vida cotidiana, sino de la espera que el esfuerzo actual tenga algún sentido más adelante.
Siempre la antipatía
Del otro lado aparece algo igual de intenso: una sensación de deterioro humano.
Muchísimos comentarios no hablan solamente de economía, sino de maltrato, violencia verbal, pérdida de empatía, tristeza social, agresividad cotidiana. Hay personas que sienten que el clima social empeoró emocionalmente. Como si la discusión política hubiese contaminado la convivencia diaria.
Resulta notable cómo el estudio refleja una crisis total de confianza. Nadie parece confiar plenamente en nada:
- Ni en la política,
- Ni en la justicia,
- Ni en los medios,
- Ni siquiera en las encuestas.
Este clima produce un fenómeno complejo: cada persona siente que está peleando sola contra algún tipo de manipulación. Por eso abundan frases sobre “operaciones”, “corrupción”, “periodistas ensobrados”, “justicia cómplice”, “casta”, “vende patria”.
2026, año del Mundial de Fútbol
Y después está el tema del Mundial. Muchísima gente interpretó inmediatamente la relación entre fútbol y política como una maniobra de distracción. La referencia al “pan y circo” aparece una y otra vez.
Quizás sea la expresión más cabal de una memoria histórica activa entre los argentinos, en tanto el Mundial 78 sigue funcionando simbólicamente como el ejemplo perfecto de manipulación emocional en marcos de crisis profundas.
Pero en todo esto hay algo nuevo: el fútbol ya no aparece completamente inocente. Algunos comentarios señalan al Mundial, la FIFA, la Selección o incluso a Messi como cómplices de discusiones y situaciones geopolíticas, morales o ideológicas. Para algunos sigue siendo alegría nacional; para otros ya es parte del espectáculo del poder global, del negocio o incluso de la alienación social. Una situación que hasta no hace mucho era completamente marginal.
“El futbol me gusta, pero hoy es solo un espectáculo obsceno del capitalismo”
“Los jugadores de la selección no representan al pueblo argentino, son multimillonarios que vendieron el alma.”
“Desde que Messi le dio la mano Trump, manchó la pelota con sangre. Ya no me importa la selección”
Pasado, Presente, Futuro
También aparece una fractura generacional muy fuerte: muchos adultos mayores aluden a una decepción acumulada.
Gente que atravesó dictaduras, hiperinflación, menemismo, 2001, kirchnerismo, macrismo y ahora Milei, escriben desde una mezcla de agotamiento y desesperanza. Como si sintieran que el país les prometió demasiadas veces un futuro que nunca llegó.
En paralelo, otros sectores sienten exactamente lo contrario: “recién ahora apareció alguien dispuesto a romper un ciclo histórico de decadencia”.
Ahí está la clave del momento argentino actual: dos grupos sociales mirando la misma realidad y viendo películas completamente distintas.
Uno ve destrucción. El otro ve cirugía dolorosa pero necesaria.
Uno siente que el país está siendo entregado. El otro siente que recién ahora se está intentando salvarlo.
Y ambos sienten que lo que está en juego es existencial.
Eso es lo más importante que muestran estos comentarios: no hay clima de transición política normal. Hay clima de batalla cultural permanente.
La política dejó de ser solamente gestión y pasó a convertirse, para muchísima gente, en una discusión sobre identidad, moral, patria, dignidad y supervivencia.
Por eso los comentarios son tan intensos. Porque no hablan solamente de un Gobierno, hablan de miedo al futuro.
Quizás para los argentinos, el futuro siempre está lejos.