NOTA DE OPINIÓN

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José Gangi

Comunicación

El relanzamiento de la gestión nacional pos Adorni se produce en un contexto de creciente deterioro de la opinión pública sobre el Gobierno de Javier Milei y desafíos más profundos que la configuración del organigrama de la gestión.

Se trata más bien de recomponer dos de los principales activos políticos del oficialismo y de cualquier gobierno: la credibilidad y la capacidad de proyectar expectativas.

La imagen negativa de la gestión alcanzó el 68%, el valor más alto de la serie, consolidando un piso elevado de rechazo. En ese escenario, el costo político del caso Adorni continúa presente. La dificultad para contener y clausurar el episodio erosiona un atributo que el oficialismo buscó convertir en diferencial: la superioridad moral como fundamento de su legitimidad.

En paralelo, también pierde fuerza el relato que sostuvo buena parte del respaldo inicial al Gobierno. Si durante los primeros meses una mayoría aceptó la necesidad de atravesar sacrificios económicos en función de un futuro mejor, hoy dos tercios de los argentinos consideran que esos costos ya no valen la pena.

Más allá del desempeño económico, también crítico en el metro cuadrado de los ciudadanos, el principal desafío del Gobierno parece concentrarse en reconstruir una narrativa capaz de devolver sentido al esfuerzo realizado. Sin esa expectativa, el riesgo no es solo el aumento del rechazo, sino también la pérdida de la capacidad de movilizar apoyos más allá de su núcleo duro.

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